Te ponemos en situación. Son las tantas de la madrugada y te despiertas de un salto. Sientes que te has caído al vacío o que te han dado un empujón. Tu corazón y tus vísceras aún están reaccionando al pánico. Seguro que en algún momento de tu vida has experimentado esta sensación. Ocurre con bastante frecuencia en la mayor parte de la población: Realizar pequeños movimientos bruscos e involuntarios mientras se duerme. Esto es lo que se conoce como espasmos mioclónicos nocturnos.

¿Qué es la mioclonía?

Se trata de un conjunto de contracciones musculares bruscas y breves, y totalmente involuntarias, que hacen que el cuerpo se desplace o una parte de él. Por norma general, están causadas por contracciones musculares súbitas o por relajación muscular. Aunque estos espasmos están presentes en algunos trastornos como la epilepsia, también se habla de mioclonías benignas. No se consideran patológicas. El hipo se trataría de un ejemplo de espasmo mioclónico benigno. Dicha sensación hace que nuestro cuerpo se mueva involuntariamente.

La respuesta a este fenómeno está relacionada con los ciclos de sueño

¿Por qué sucede?

La respuesta a esta pregunta tiene que ver con los ciclos del sueño y la manera en la que el cuerpo se prepara para descansar profundamente. Cuando vamos a dormirnos el cerebro envía señales a la médula espinal y a los músculos para que se relajen y así no reaccionen tan fácilmente a los estímulos externos propiciando un mejor descanso. En otras palabras, entramos en un estado de semiconsciencia. Esto es lo que se conoce como formación reticular.

El caso, es que en algunas personas, este proceso ocurre a la inversa. Esto quiere decir que, en vez de inhibir la contracción muscular, se da el caso de que aumenta la contracción del músculo. Esto es, como ya hemos mencionado anteriormente, lo que se conoce como espasmo mioclónico.

El cerebro interpreta que estamos muriendo y envía una descarga eléctrica a todo el cuerpo

Según un grupo de científicos, liderados por Ian Oswald, este efecto provoca que las pulsaciones bajen hasta casi cero. Algo que el cuerpo interpreta como que se está muriendo y es por eso que el cerebro envía una descarga eléctrica a los músculos. Y es esta descarga la que nos hace experimentar esa sensación de caída.

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